miércoles

amor desesperado


- no tengas miedo, me dijo.
tal vez quiso decir algo más, pero se quedó quieto, callado, mirándome sin verme.

apenas el ruido de la lluvia sobre el techo y algunas gotas salpicando la ventana.
una noche sin estrellas y mi desesperanza.
la penumbra de la casa convocando el desamparo. no era tristeza, era desesperación.
acaricié sus manos, una y otra vez. nuestro íntimo secreto en ellas, nuestro dolor.

¿cuántas noches más en esa mecedora? cuántas noches más junto a su cama esperando un signo, algo que me permitiera descubrir, antes del final, quiénes habíamos sido.
¿qué nos había unido?¿qué nos había llevado a sentir de esa manera?

sólo esa noche. la última de diez noches sin moverme de su lado.
asistiendo a cada momento, cada hora, cada minuto de su lenta despedida.
agonía brutal de los sentidos.
desfigurados los dos, en nuestra historia. sin poder elegir entre vivir o morir. condenados
su muerte. mi muerte.
la muerte de la niña que había sido. la muerte de su voz. de su amparo y mi alegría.
la muerte de su abrazo y mi esperanza.
¿cuántas muertes caben en una muerte?

me preguntaba cómo iba a hacer para escribirlo. qué gramática debería usar.
qué reglas ortográficas acordarían la descripción de ese instante determinado.
de su abatimiento y mi congoja.

las ganas tremendas de abrigarlo. de protegerlo del despojo. de salvarlo del olvido
¿dónde encontraría esa palabra que precise el amor que se puede sentir por un muerto?
ese amor absurdo, ese amor desesperado.