martes

volverme vacilante


después de una muerte tan lenta y tan dura comenzó la nada.
ya no hubo Dios. el cielo fué una incógnita que hasta hoy, en algunas noches sin estrellas, me empeño en descifrar.


la nada es, también, eso.

volverme vacilante. una voz desconocida. un grito
otras veces, el silencio del atardecer.
tal vez, descubrir que me parezco a todo el mundo,
que ya no sé mi nombre, ni el suyo, ni la hora exacta.


pese a todo, me acostumbré a la desesperación,
a esta clase de miedo indefinido, al recelo a las palabras.

la nada es, también, eso.