miércoles



a veces por la tarde, cuando cae el sol,
un pensamiento constante me hace palidecer,
una especie de recuerdo confuso

a veces, por la tarde me alcanza su sonrisa, el color de sus ojos, su cuerpo,
una evocación tal vez inventada pero que sigue siendo un dolor.
y miro el cielo con el sol a través de los árboles que siguen allí
petrificados en un desorden fijo, eterno.

de pronto olvido el color de sus ojos.
y olvido su nombre. y su cuerpo.

a veces, al atardecer, en medio de ese encantador y breve instante,
me descubro sumida en su ausencia.