miércoles

un atisbo de deseo


en el comienzo de la tarde las gaviotas, sus gritos.
la dulzura del crepúsculo oculta esa violencia
y otra vez el silencio.

ella percibe algo de lo que no sabe el final. algo que se cerrará más tarde. lo presiente.
no precipita nada. espera.
él le señala el mar. las mareas que marcan el tiempo en las palabras.
y se calla.

un atisbo de deseo los alienta.

los dos caminan en la dirección incesante del mar.
los pies descalzos sobre la arena desnuda y una inconfesable plenitud.

después el viento. desmedido. una sombra pasa por el cielo.
el mar cambia el sentido.

las mareas marcan el tiempo en las palabras.

ella
él
y el deseo que clama por abrigo,
un amparo donde albergar el sollozo que lo colma.