domingo

un signo inesperado


el cielo se ilumina,
las antiguas voces retumban y se extinguen,

(desaparecen en el viento)
la luz aumenta de un modo imperceptible,
se alteran los preceptos del orden instaurado, inamovible,
que había establecido la hora de aquella tarde determinada.

como un signo inesperado,

una señal detenida en el eje de los siglos,
regreso al mar imaginario de mi infancia

a las sombras de la luna en las noches de diciembre,
a las luciérnagas,
al sol colándose entre las hojas de los árboles,
a las flores silvestres ,
al primer atardecer de primavera,
a una brisa fresca con olor a lluvia y a jazmines.

entonces, él me mira -cautivo de la ausencia-

levanta su pulgar y me sonríe.