domingo

desamor


un día desperté y ya no estaba.
su cuerpo había desaparecido.
su huella era apenas visible en esas sábanas que me habían parecido los contornos del cielo.
fue una mañana cuando comencé a notar su ausencia.

preferí no buscarlo en el amparo de la habitación,

ni en el hueco de mis piernas.

lo busqué en las playas, en las terrazas, en las calles,
en las arenas abandonadas,

en el grito perturbado de los pájaros hambrientos,
en todos esos lugares de donde podía surgir la necesidad de amar

(lo miré a través del filtro oscuro de mis pupilas,
le pregunté si lo podía amar

y me respondió que estaba perdido)

sólo encontré la certeza de una monotonía inexorable
igual a sí misma,
cada día, cada noche.

no sabía, antes de conocerlo, que la muerte podía vivirse