jueves

una manera de pedir perdón


“…se había evadido, respiraba sobre las anchas espaldas del mar, respiraba a oleadas, bajo el basto balanceo del sol, por fin podía dormir y volver a la infancia, de la que nunca se había curado, a ese secreto de la luz, de cálida pobreza que lo había ayudado a vivir y a vencerlo todo…” Albert Camus de “El primer hombre”


Como todas las noches, antes de cerrar los ojos, después de repasar el día, la vida a veces, la muerte, otras, acudí al libro que espanta mis fantasmas, ése al que volvemos siempre, ése que nos ayuda a encontrarnos, el que está siempre al alcance de la mano, como una foto querida –aquel instante interrumpido, casi un espectro- que intenta acertar certezas.

“El primer hombre”, la novela póstuma de Camus, es mi amuleto, no sólo la novela, las notas y proyectos sobre la novela, que encontraron en su cuaderno, entre los hierros retorcidos del auto en el que viajaba el día de su muerte, son como un tesoro al que recurro cada noche. Y aquí estoy, esta mañana, descubriendo alguna certeza después de anoche, respondiendo –a medias siempre- pero algo más cerca de la respuesta, esa pregunta que nos hacemos todos los que escribimos: ¿Por qué escribimos? ¿Para quién escribimos?
Camus dice, entre otras cosas, que escribir es "una manera de pedir perdón".
Siento, a partir de esto, que tal vez muchos estén dispuestos a “perdonarme”. Distintas voces me hallarán culpable y tal vez no lo sea mientras me lo dicen. Otros, tendrán razón y debería pedirles “perdón”. También sé que, pese a su buena voluntad, algunos no saben ni pueden perdonar y uno pide perdón a los que sabe que pueden perdonarlo.
Simplemente eso, perdonar.
Escribir. Decir todo.
Siento, a veces, que un solo ser podría perdonarme, aunque nunca fui culpable con él, le entregué toda mi alma…pero ha muerto y estoy sola.

No obstante, sé que hay alguien -mi amparo y mi indulgencia – que está leyéndome.
Por eso escribo. Por eso hablo. Por eso pido perdón sin mas explicaciones. Sin importar si lo merezco.