domingo

mi culpable fervor

el tren dejó atrás un derrumbe de árboles
y el deseo azotado por el viento.
pero yo, eterna pasajera de añoranzas,
creí reconocerlo entre las sombras del imprevisto olvido

-el crimen de mis manos,

el presagio furtivo en la tormenta,
mi vestido en la arena,
el presuroso anhelo debajo de mi cintura-

un viaje obstinado hacia la nada:
una mesa desnuda,
un eco silente,
la inmóvil trivialidad del fuego
y aquel rumor de voces que me condena.

el tren dejó atrás la levedad de los muros,
mi culpable fervor
y el espejo ciego de mi memoria, donde oculté su cadáver.