viernes

nadie, nunca


en esta casa que es como otra casa
la que fue una vez –antes de nosotros-
desposeída de mi –de nosotros-
nadie nunca ha pedido silencio como yo lo hago

-con mi vestido rasgado en el desconcierto de enero-

nadie nunca ha rogado que se calle el miedo,
que se apaguen las voces de la indolencia,
que desista el aullido del abandono,
sin embargo
¿de qué exterior, de qué pared o suelo,
de qué nada innombrable, de qué arboleda lejana

irrumpen los gritos sordos de lo callado?