domingo

papá


Algunos libros suelen ser reveladores. Recién terminé de leer PAPÁ de Federico Jeanmaire. Era una lectura que tenía postergada, esos textos a los que uno les tiene cierto temor porque sabe que van a conmover el alma. Pero intenté ser valiente esta semana y como un ritual durante cada noche y a la misma hora fui leyendo lo que me parecía, en realidad, estar escribiendo. Es mágica esa comunión entre lector y escritor cuando uno parece ocupar el lugar del otro. Jeanmaire es un escritor comprometido, duro por momentos, pero esa, creo que es la única manera de narrar la propia vida. O la muerte del padre, que es en cierta forma la muerte de una parte de nuestra vida. Reflexiona, mientras narra, sobre su relación con la escritura desde la infancia y creo que la instancia de narración –esa vida, esa muerte- es ideal para intentar descubrir (para los que nos hacemos esa pregunta a menudo) por que y para que escribimos.
La lectura de PAPÀ removió cosas en mi alma.

Mi papá fue para mí un marinero en un pueblo de médanos sin mar, un mago capaz de detener el tiempo al costado de la paz y un cantor de pequeños fragmentos de un mundo, donde se oían todos los acordes. Noches de lámpara encendida y un barco sorteando tempestades. Una bicicleta dorada. Cuentos a la hora del insomnio. El amparo que aún vuelve a orillas del recuerdo. La lluvia .El sol. El río. Pero sobre todo el que pintó el color de mi mirada hacia las cosas sencillas, el que me enseñó a escuchar el rumor del mar en la pradera. Sin embargo, fue también, a veces, el miedo agazapado en un grito, el desconcierto en el andén de una estación, la torpe sensación del abandono, el silencio que lastima, la intemperie en la tormenta o aquel viento huracanado en la distancia. Y fue, después, la inclemencia de la enfermedad, la degradación del cuerpo, el peligro de perder la dignidad y la lucha denodada por preservarla.
Es que mi papá, además de marinero, mago y cantor, era ante todo un hombre.
Y aquí es cuando se torna para mí revelador el texto de Jeanmaire : el padre, además de lo que significa para cada uno de nosotros es ante todo un hombre. Y esto me lleva a pensar también a mí -yo que estuve hasta aquí muy desconcertada y con cierta impotencia- algo que hasta puede resultar esperanzador a instancia de su muerte: mi papá era, además, un hombre digno y un hombre digno sabe, siempre, cuando debe irse.

Escribir papá es escribir parte de la propia vida y eso nos atañe a todos. Más allá de lo estrecha o no que haya sido o es nuestra relación con él. Quise escribir, entonces hoy, a partir de las sensaciones y este revuelo en el alma que me provocó PAPÁ. No es un poema. No es un texto poético. No es un relato. Es escritura pura que necesita ser.

“Por eso sé, desde mis ojos o desde mis oídos o vaya uno a saber desde donde, que si escribo, que si sigo escribiendo, quiero decir, voy a volver a ver a mi padre.
Voy a volver a verlo
Al menos una vez mas.” Federico Jeanmaire