domingo

donde nacen mis alas


el camino de álamos tiembla detrás de mi sombra.
a un costado, mi equipaje de flores silvestres
incrustadas en la débil desnudez de mi memoria.

primero comienza a delinearse la distancia
(después la tristeza)

en el estanque de agua quieta la lluvia nombra el miedo,
una amenaza acecha de invierno mi paisaje,
se impone, persistente, la penumbra detrás de la persiana
y el silencio es el ruido de un cristal rompiéndose
-dolor de nube desgarrada en el cielo de marzo-

no hay sol.
ninguna estrella que indique la salida.
ninguna palabra que nombre el reverso de mi alma.

hay sí, una melodía doliente contra el muro:
hiedra que crece en la ventana donde nacen mis alas.