domingo

gritos y susurros


la tierna indiferencia del mundo,
en esta hora cercana de la noche
-instalada contra toda esperanza -
es un poco más cruel.
la serenidad aparente del atardecer pide una tregua,
una burbuja donde escapar de su condena.

detrás de la ventana: Alicia en su país

un grito desmedido.
el primer aullido del universo,
aquel que le devuelve la imagen en su espejo
- la hoja de un cuchillo donde se mira por última vez-
algo intenta arrebatarla de la luz, detrás de la ventana.

(ella susurra adioses
en su carroza de hojalata con corcel sepia)

franquea el túnel brutal de la indolencia,
atraviesa pantanos de sangre y de carroña,
escapa por el prado desgarrado de su cárcel
-de cara a la pared-
y emprende ese camino a través de la maleza
que atesora, intacto, el desenlace.

sin embargo, una señal de fuego en la otra orilla
le permite, todavía, creer en los milagros:
aquel nombre que escribió en el patio de la infancia,
un destello inocente en las cenizas,
un séquito de pájaros en pleno vuelo.

(A mis queridos Yiyì y Relito,
porque me enseñan día a día
que aún en las peores circunstancias
se puede seguir creyendo en un sueño)