miércoles

destierro


cierta inocencia que aún me hace llorar
y un imprevisto temor,
me destierran de la breve pradera en la que habito.

anido en las arenas abandonadas,
en los baldíos,
en el resplandor eterno de las tumbas,
en los caminos inundados,
en la muerte ilimitada de los árboles,
en el grito de los pájaros hambrientos
-aquella imposibilidad inmemorial
que me estremece el cuerpo-

son estos días parecidos unos a los otros:
la lentitud del cielo,
la lluvia inalterable,
las horas aturdidas
(los ojos suspendidos detrás del muro que confina el mar)