sábado

ahora

aquella casa mía de paredes blancas
dejó de habitarme hace unos años
sus ventanas quedaron abiertas a otro cielo,
como dentro de un cuento.
un relato inconcluso.

acontecí
errante, callada, desteñida, imperceptible.
eterna nómada de una historia imperfecta
(el camino se borraba en la belleza del aire)

el viento abrió las puertas del hastío
pasé por espejismos que me condenaron:
la lluvia inundó praderas fértiles,
sequías urgentes quemaron los árboles
y no era temor a mi destino:
es que la tormenta destrozaba, por entonces, todos los nidos.

perdí de vista el paisaje de algunos nombres
aprendí a nombrar aquello sostenido, apenas,
por el frágil temblor de algún recuerdo

ahora estoy parada aquí
-en esta intersección entre el deseo y el miedo-
voy a cruzar del otro lado
con mi equipaje de palabras nuevas
(y sin pedir socorro)