lunes

por entonces

no había un camino delineado.
aquel sendero de estrellas y de viento
era un naufragio de flores,
un grito sofocado detrás de las persianas

a veces me dolían las manos
(rasguñaba la esperanza hasta hacerlas sangrar)

quedaban sólo ruinas,
en los viejos prostíbulos lloraban mis apuntes olvidados,
papeles inconclusos, manifiestos mutilados antes de nacer.
los andenes estaban cubiertos de ceniza,
las paredes dibujaban disfraces intentando un último fulgor
quedaban sólo escombros

sin embargo, entre aquellos retazos de lápidas y bruma
las plazas se encendían, el aire profanaba frutas,
los parques continuaban su esplendor:
como un derrumbe de soles en el tiempo
se rompían todos los cerrojos
y una ráfaga de cielo nombraba lo imposible
(por entonces, nos prestábamos la voz)