martes

aquí


aquí ya no mueren los pájaros,
ni siquiera les está permitida esa esperanza
permanecen callados, las alas dormidas
colgados para siempre en el umbral de un sueño.

algunas noches la oigo como el eco de un ruego,
un gemido lejano pidiendo socorro,
(la plegaria de un ángel cautivo)

desde entonces resulta inútil la tenaz insistencia del abrazo.
todas las cosas cambiaron de lugar
no reconozco las caricias, ni las miradas
ni puedo perfilar la sombra que dejó la despedida

algunas noches la tormenta ,
con su ruido violento de ventanas rotas,
convoca la obstinada manía de sembrar flores en el cielo,
- la pared vacía se devora el silencio-
pero aquella soledad, la que olvida los nombres
sigue eligiendo este país –sin color y sin sonido-
de mi antigua tristeza.