sábado

como un presagio

los cambios eran casi imperceptibles,
pero un día noté que no quedaba en el cristal un sólo rastro.
ya no había vestigio de las primeras palabras,
aquellas señales en la arena se volvieron invisibles,
se mancharon con sangre las alas de los pájaros
y el mar moría en mis manos.

ellos no tenían un color definido,
ni una forma que los determinara
por eso, quizás, no supe defenderme

ellos se llevaron todo,
hasta los mínimos indicios.
fueron adueñándose de las pequeñas cosas
- esos simples detalles
parecidos a las flores de un mantel bordado -

desnudaron el refugio poco a poco,
estaban al acecho de la calma
como un presagio
o como el signo de un dolor antiguo,
y en brutal silencio, decretaron ausencias y certezas
(esas verdades que ratifican la muerte)