miércoles

en el mismo lugar


parecen iguales. sin señas particulares y sin destino. lloran canciones en los subterráneos o aspiran la muerte en las hamacas de la plaza junto a un perro perdido ( en el mismo lugar donde mueren los pájaros ). oigo su voz en medio de los gritos: no es su voz, es otra que aturde su canción de llanto. una plegaria, un ruego: “déjame una vez más mirar las flores y la lluvia”. tal vez no todo se ha perdido, pienso y acaricio su pequeña mano de abrigar miseria. quizás vuelva a cantar el grillo entre las cenizas de aquel jardín de soles. mientras tanto, la farsa que puebla las esquinas proclama el cielo incierto de los tribunales, conspira promesas inconclusas, venera la dulzura de mármol de todos los altares y en un cálido gesto de abandono les regala el artificio del mundo en dos o tres monedas