lunes

devenir

alguna vez tuve un vestido nuevo.
una comarca de frutas fulgurantes.
esa primera noche. un “para siempre”,
(aquella vez que el mundo me tembló en las manos)

después
el miedo subterráneo, el silencio de caricias rotas,
de relámpagos torpes,
de ráfagas de flores hiriendo los cristales
desnudándome.
dejándome fuera de la historia.
un conjuro de niebla en el país de nadie.

lo suelo imaginar cuidando el fuego:
un devenir silente atizando la dicha del amparo

quizás, pienso, algún día,
detenga sus pasos en mis amaneceres
tal vez pueda verme, todavía
y me encienda en la llama furtiva de una lámpara
o me nombre, tiernamente,
en las alas de algún pájaro dormido .