martes

cuando sonreía


es inmensa la casa, una acuarela inconclusa.
inmensa la orilla del cielo , la penumbra, la espera.
tengo frío en los pies
(como si tuviera zapatos de escarcha)

algo incitaba el aire cuando sonreía,
un dulce presagio, un zumbido de pétalos.
pero eso no es más que un resplandor de la memoria,
indicios de los amaneceres que aún me besan los ojos

ahora , la casa vacía asfixia mi voz
como si la hubieran usurpado otras voces:
el gemido del viento en los postigos de los hospitales
el último trino de los gorriones muertos
un rumor sombrío de lluvia marchita

no quiero quedarme. no hay nada aquí adentro.
me voy. me llevo mi vestido.
el mismo de aquel día del desamparo entre las flores.

lo nombro en voz baja.
acaricio su sombra por última vez. beso su herida.
entonces, se ilumina el silencio
una pequeño fulgor. un relámpago.
un sol radiante que despierta el bosque dormido.

(no lo había notado: él encendió la luz antes de irse
y dejó en el umbral mis zapatos de estrellas, por si tenía frío)