lunes

de papel


fundaba equilibristas en la vieja estación.
estremecía tiernamente mi cuerpito de papel.
dulce voz, sombra inquietante
que conspira agazapada en mi pequeña patria

a veces relumbra, todavía, en la pared desnuda:
las noches en el circo de artistas refulgentes,
la suave melodía de plaza y arboleda,
mi cuerpo de papel de todos los colores,
que se perdió, mas tarde, en las estrellas.

el olor a vainilla y la olla color tiza
en la cocina con ventanas de frutas y de flores
- cierto esplendor hostigando el desamparo -
y  afuera, ahí nomás,
el Capitán con su barco de dos ruedas
esperándome en el muelle de la siesta para cruzar el mar

algo repica en el frío de esta madrugada.
un eco en los relojes de la ciudad dormida,
la última plegaria de algún naufrago
que lleva, errante, hasta el lejano altar
mis manos y mi nombre

(a esta hora los pájaros del mundo
buscan refugio en el umbral del alma)