jueves

al lado de la paz


por entonces me sentaba al lado de la paz
a esperar el milagro.

allí no había vestigios de aquel país en guerra,
ni de las viejas fotos desteñidas.
no escuchaba las lágrimas  
del cementerio de “golondrinas blancas”,
ni el grito del espejo  sangrando en la mirada.
un viento claro borraba  el acecho de las sombras
y el punzante olor de la tragedia.

en la otra orilla un puerto inauguraba el mundo
detrás de una ventana deslumbrante,
que encendía las pocilgas de la antigua patria
hasta devorarlas.
fundaba, en su lugar, una comarca tibia,
refugio de naufragios.

por entonces me sentaba al lado de la paz
a esperar el milagro

(si me hubieras visto, corazón,
tenía en mi equipaje un vestido nuevo
y mi pequeño nombre florecía)