domingo

a la intemperie


“No [poder] querer más vivir
sin saber qué vive en lugar mío, ni escribir, si para herirme
la vida toma formas tan extrañas” A. Pizarnick


si volviera, ahora.
si de pronto escuchara su voz entre los gritos
si viniera a mí con la sonrisa pálida
con ese  débil deambular por la calle querida

si me viera ahora
apoyada  aquí, en el silencio a oscuras,
con las  teclas en blanco,
esperando una señal translúcida,
un signo,
que me permita sacar las manos de la madriguera,
los pasos de este camino áspero
donde el amor yace desnudo, a la intemperie,
resistiendo la muerte frente al sol arrogante de febrero.

pero no, es mejor que no vuelva
que no hable
que no repita mi nombre
con aquella armonía ancestral de los tangos tristes

aquí también hay profanadores de tumbas
hay emboscadas, poesías que agonizan
y muñecas despedazadas
en los andenes de las estaciones
aquí también está prohibido
evocar el vuelo de  los pájaros dormidos.

es preferible que se quede
en aquel país de espejos intangibles,
aunque la tarde lo aprisione en las rendijas

aquí también hay carceleros de hierro
que huelen a pena y  a pantano
que lastiman el alma  a dentelladas
y pintan con sangre carteles de sosiego
en las puertas de las jaulas.

no quiero que regrese a esta fogata de huesos,
guarida de los lobos

no sé si son flores o palabras,
no sé que crece en la memoria de las piedras
pero es mejor que no regrese.
es mejor que intente un jardín, una plegaria,
un poema que lo invente con su traje de luces,
con su mirada buena
(por eso, ahora mismo, una parte de mi
moja los zapatos en la orilla  de ese mar inédito,
para creer que queda tiempo, todavía)