domingo

a deshora


en la pared hay un niño que no puede asir el mundo,
atrapado en su red de mariposas.
un hombre o dos o tres,  todos iguales,
quietos en la ingenua desnudez del tiempo
(aquel lugar del amor que iluminaba el cielo)
y hay, también, una mujer sin voz
deambulando  a deshora en la letra cursiva del poema
que se fue para siempre.

no. no es esto lo que quiero decir,
quiero nombrar la sombra en la otra orilla
(la misma de hace siglos)
pero las palabras se ahogan
en esta manía de arrullar ausentes.

algo  lastima la pared de esta casa vacía.
en esa herida agonizan mis manos
como los últimos árboles.

entonces, otra vez ensayo una pirueta
sobre la cuerda floja del equilibrista:
un brinco deslumbrante,
una cabriola de estrellas,
y en esta casa vacía anidan pájaros.