martes

Actualizo el blog casi todas las noches. He tratado, hasta hoy, de mantener una estética, escribiendo o subiendo textos escritos con anterioridad a la creación de este espacio, que muestran un solo costado de mí: sensaciones por las que atravieso transformadas en ficción, en poesía.

Me apasiona escribir. Además de una pasión es, para mí, una necesidad que muchas veces pasa más por mi cuerpo que por mi intelecto. Es casi como respirar. Una manera de definirme, de rearmar mi propia historia, de empezar a ser, de volver a crearme para otros y para mí misma. Un modo de exorcizar el dolor. De recomponer ausencias.
Vuelco, entonces, en este espacio, algo más que algunos trazos mejor o peor logrados, hay mucho más que eso en estos textos. Sobre todo, intento ser honesta con mis sensaciones a la hora de escribir...por eso es que quiero confesar que me está resultando difícil mantener la estética de los textos escritos hasta hoy.
Toda yo estoy atravesada por diferentes estímulos que a la hora de escribir suelen dejar fluir mi voz tal como la siento, tal como aparece y de la forma que quiero y otras veces me provocan un bloqueo intenso del que no puedo deshacerme con facilidad.
De todas maneras, como no puedo vivir sin respirar, tampoco puedo vivir sin escribir. Aunque en esa escritura no logre exactamente la estética buscada. Aunque sea un jadeo entrecortado en lugar de una buena respiración.
Este texto será, entonces, un jadeo, un gemido, un grito.
Hoy mi voz aparece así, entrecortada, tal vez desconocida.
Profundamente conmovida. Conmocionada. Sacudida.

Si escribo la muerte de una niña de dos años, si escribo el asesinato de una niña de dos años, de tres...de una niña,
si escribo que la mataron dos niños de siete y nueve años,
si escribo que esos niños, pequeños, jugaban el domingo pasado muy cerca de mi casa,
si escribo que esa niña tenía una sonrisa enorme,
si escribo y describo imágenes, discursos sociológicos, indiferencia, morbo, televisión, culpas endilgadas y hasta justificaciones monstruosas,
si escribo el asesinato de una nena, golpeada y estrangulada por dos niños, cómplices de homicidio que ¿sabían lo que hacían?,
si escribo la violencia en su más terrible y cruel manifestación,
si víctima y victimarios son niños sumidos en el más profundo desamparo, violentados por el medio social y familiar,
¿Que estoy escribiendo? ¿ O sólo estoy describiendo? ¿Cómo se puede escribir, tamaña aberración?
Vivimos traspasados, todos, por las más diversas formas de violencia.
Sin embargo, la indiferencia, la velocidad, la liviandad con la que atravesamos la vida parece habernos inmunizado o lo que es peor aún, parece habernos anestesiado.

Es indescriptible el desasosiego que provoca la muerte de un niño. Inenarrable, es la perturbación que me provoca una niña asesinada por dos niños.
Por eso, esta escritura débil, temblorosa, sin forma. Por eso, el jadeo.

“Dos niños de siete y nueve años, estrangularon a una niña de dos”
Estaba escrito. Está escrito. En todos los diarios y en los noticieros de televisión. Alguien lo escribió. Lo escribe. Yo lo escribo. Y no es ficción.