lunes

cuando sonreía


cartas de mi padre


en esta letra ligera y trémula
mi padre es ahora un hombre errante.

fue su mano, la misma que temblaba
entre mis manos como un pájaro herido,
la que escribió este incierto amor
esta dulce deriva,
este dolor que presintió, quizás,
su ausencia prematura.

la palidez de estos papeles
semeja la sombra de su cuerpo,
el resplandor de la arboleda
sofocando el aullido de su corazón.

detrás de estas palabras
apenas legibles, apenas humanas,
las huellas invisibles de mi padre
[su desesperanza, su obstinado fervor]
incitan la certeza de su tumba.
azar y perfume

unos niños cantan,
el jacarandá azula el camino,
huellas de pequeños pies
en  baldosas inciertas.
¿cuánto tiempo ese hechizo
eclipsará el mundo?

quizás una fábula negra,
una tormenta, una fugaz violencia
arrase en instantes
el mínimo signo de vida.

[el remolino de pétalos,
este fulgor,
los frágiles niños, breves,
sus huellas azules,
azar y perfume de lo apacible]

¿a dónde llegarán?
¿hasta cuándo sus alas espléndidas
desafiarán al viento?
¿en qué momento, un ligero temblor,
un silencio estruendoso,
quebrantará la inmutable belleza?