domingo

plegaria de amor


Que pueda siempre dormir a la orilla de su alma, allí donde se ampara el costado de mi miedo.

que siga dibujado su perfil en mi memoria con aquel color que temblaba, imperceptible, en la pradera.

que pueda escucharlo, al menos un instante, en el silencio que alberga ese lugar vac
ío de la casa.

que el atardecer lo invente en el deseo, si un aroma de árboles radiantes enciende mi cintura.

que pueda bailar su melodía – oculta en el centro de la tierra- aún cuando la música haya muerto.

que el aire lo nombre a esa hora en que el mar disuelve las nubes en la arena.

que lo encuentre en las noches de tormenta, cuando la violenta gratitud del viento balbucee el rumor de la distancia que lo habita.

y que se encienda su amor como una llama en medio de la sombra (como la llama tibia de mi lámpara querida, que alumbraba el frío del invierno cuando la ausencia no existía)