lunes

azar y perfume

unos niños cantan,
el jacarandá azula el camino,
huellas de pequeños pies
en  baldosas inciertas.
¿cuánto tiempo ese hechizo
eclipsará el mundo?

quizás una fábula negra,
una tormenta, una fugaz violencia
arrase en instantes
el mínimo signo de vida.

[el remolino de pétalos,
este fulgor,
los frágiles niños, breves,
sus huellas azules,
azar y perfume de lo apacible]

¿a dónde llegarán?
¿hasta cuándo sus alas espléndidas
desafiarán al viento?
¿en qué momento, un ligero temblor,
un silencio estruendoso,
quebrantará la inmutable belleza?





miércoles

pedacito de mi corazón

dice que la tristeza se le cuela en los huesos
y cruje como los pisos de madera
en el miedo  inicial de la espantosa infancia.
que la plaza es un baldío sin pájaros,
una escama que le crece en la piel,
el lugar donde esa mujer la mece.

arroró mi niña, arroró mi sol

dice que la atraviesa una aguja en el costado,
país que sangra,
que un ausente  le rasguña la médula,
la deja hecha jirones,
presa en las sombras de la cacería.

aquella  mueca alevosa,
un crimen que crece de raíz con avidez, dice,
un zarpazo al corazón,
el asesino agazapado en la pupila,
-pequeña moribunda entre las garras-

la plaza es un pantano,
el líquido espeso de sus venas,
el estanque, donde esa mujer la mece.

duérmete mi niña, duérmete mi amor.


jueves

(memoria de lo posible)

un ángel me prestó la voz para llamarte,
(a mí que las palabras me consumen)
sobre esta página en blanco, entonces, te convoco.


afuera llueve,
buenos aires parece una sombra colgada en la memoria.
a pocos pasos, un tren
vuelve a emprender el viaje del espanto
y hay un silencio espeso de máscaras sin brillo
que disimula la herida como una burla de carnaval

no hay nadie en los bares atiborrados de gente
ni en las multitudes de las plazas
ni en esas librerías colmadas de los días feriados.

casi nada es cierto.
salvo aquel enero en el que sobraban los encuentros
aunque era tan difícil encontrarse ¿te acordás?

también es cierto que tuve un cuaderno
con una ventana donde comenzaba el mundo,
un pueblo con banda sonora de pájaros y viento,
y que hoy lloverá una vez más sobre su tumba.

pocas cosas. quizás algunas más,
y aquí están, escritas de manera inasible
para que sólo dios las lea.

te espero.
ojalá escuches este poema que te nombra

vení. acurrucate a mi lado.

en el margen de esta página
(en los tachones y enmiendas)
una pequeña casa,
con un jardín que arde en la tormenta,
está enunciándose.
el cielo conspira el final en un baldío
mientras nosotros,
nos concebimos en los pronombres
y salvamos del fuego las flores imposibles.