jueves

él dormía, ella también


tenía pocos años, zapatitos de domingo
y un sombrero de fieltro esperando en el andén,
un perfume de lluvia entre las sábanas,
aquel sabor a helado de limón con lágrimas
y un brutal deseo de vivir

él dormía, ella también

(fue en la habitación pequeña.
estaba sola en esa reclusión del universo
que suele apoderarse de las noches)

la calle de los pájaros tomó un color impropio,
ajeno a la tibieza de la almohada
mi silencio gritaba socorro en esa carcel del alma,
el rocío destrozaba fulgores contra el vidrio
y preferí salvar en el aire las caricias,
defender la ventana con estrellas que me pertenecía.
no sabía de destierros ni de ráfagas de olvido
aún guardaba intacto el sonido de la vieja estación
sin embargo, me pareció que el cielo se anticipaba al tiempo:
alcancé a ver una sombra
que moría en la pared
y tuve miedo
(fue la primera vez
que escuché a los árboles sollozar ausencia)