viernes

comida para pájaros


las luciérnagas celebran milagros
sobre la pared que lo inventa, todavía,
de este lado del cielo.
el río acontece en la pradera
y cada pétalo que tiembla en su regazo
se parece a un adiós intentando el regreso.
duermen los niños,
danza mi música de entonces entre sus párpados azules
(quizás allí se abran algunas puertas que quedaron cerradas)

el pequeño pueblo cierra los ojos una noche más
en medio de la multitud del mundo.

a esta hora,
la voz de los relojes busca asilo en los amores imposibles,
los espejos encienden hogueras abrasando aullidos
y más tarde, el viento nombrará , dulcemente,
lo que ya no existe.

sé, también, que justo ahora,
ella apaga la luz de la cocina, entonces,
sobre sus frasquitos de especias,
alineados uno al lado del otro
como aquella fila de árboles que sostenía los atardeceres,
brincan las estrellas.

yo aquí, en esta casa serena y tumultuosa,
preparo comida para pájaros,
semillas de “flores alegres” que dejo en la ventana,
mientras espero que amanezca.