martes

aquellas caricias


crujen los días. no amanecen.
aquellas caricias que perdimos en el viento
caen perpendiculares empañando el cristal.
todo brilla afuera.
aquí apenas se filtra un débil resplandor
que hiere la mirada.

es un silencio criminal el que vigila:
tiemblan de miedo los objetos queridos,
nuestros gestos de encuentro, nuestras horas.
hablábamos de cosas simples ¿te acordás?
el humo de tu cigarrillo devoraba luces
y yo dibujaba barcos en tu espalda sin tocarte.
todas las casas del mundo eran nuestra casa
con el mar aguardando detrás de la persiana.

ahora mueren pájaros en la ventana,
los veo caer como pequeños soles,
se encienden los espejos
y un ademán de olvido agita las cortinas.